Inflación en EE.UU. cede con fuerza: la caída más marcada en más de seis años
- 14 jul
- 5 min de lectura
14 de julio de 2026 — Los datos oficiales publicados por la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos confirman un alivio muy esperado para los hogares y los mercados financieros: el Índice de Precios al Consumidor para Todos los Consumidores Urbanos (IPC-U) retrocedió un 0,4% en junio, tras el aumento del 0,5% registrado en mayo. Se trata de la mayor disminución mensual desde abril de 2020, cuando la economía mundial se paralizó por la llegada de la pandemia, y marca un punto de inflexión claro tras meses de fuertes presiones alcistas que habían elevado los costos de casi todos los bienes y servicios.

En términos interanuales, la inflación general se sitúa ahora en el 3,5%, una reducción notable frente al 4,2% registrado en los doce meses que terminaron en mayo. Por su parte, el índice subyacente —que excluye los componentes más volátiles de alimentos y energía, y al que la Reserva Federal presta mayor atención para definir su política monetaria— se mantuvo completamente estable en junio, sin variación mensual, y bajó del 2,9% al 2,6% en su comparación anual, acercándose progresivamente al objetivo del 2% que persigue el banco central.

El alivio llega de la mano de los precios energéticos
El descenso del índice general se explica casi en su totalidad por la normalización de los costos de la energía, después de los acuerdos diplomáticos alcanzados en Oriente Medio que permitieron relajar las tensiones comerciales y restablecer el flujo de suministros por rutas clave como el Estrecho de Ormuz. El índice de energía en su conjunto cayó un 5,7% en junio, una caída contundente que llega después de tres meses consecutivos de fuertes aumentos: había subido un 3,9% en mayo, un 3,8% en abril y un 10,9% en marzo, cuando el conflicto estaba en su punto más crítico. Dentro de este rubro, la gasolina registró el mayor retroceso, con una disminución del 9,7% durante el mes, seguida por el combustible para calefacción que bajó un 9,2% y la electricidad que registró una caída del 1,0%. Solo el gas natural marcó una variación positiva, con un leve aumento del 0,5%. Aun así, el impacto acumulado del conflicto sigue presente en las comparaciones anuales: en los últimos doce meses, el índice general de energía sigue subiendo un 15,7%, la gasolina un 26,7% y el combustible para calefacción un 42,9%, reflejando lo mucho que se dispararon los precios en los primeros meses del año.
Precios de alimentos: estabilidad con variaciones internas
El rubro de los alimentos mantuvo un crecimiento moderado durante junio, con un aumento general del 0,2% que coincide exactamente con el ritmo registrado en mayo. Tanto los alimentos para consumo en el hogar como los adquiridos fuera de casa avanzaron a la misma tasa, con un incremento del 0,2% en cada caso. Dentro de la canasta de compra doméstica, se observaron movimientos diferenciados: cuatro de los seis grupos principales de alimentos registraron alzas, destacando los productos lácteos con un aumento del 1,2%, los huevos con un incremento del 4,3%, las carnes, aves, pescados y huevos en su conjunto con un 0,6% más, y los cereales y productos de panadería con un 0,3% de avance. Por el contrario, las bebidas no alcohólicas cayeron un 1,5% —con el café bajando un 2,0%— y las frutas y verduras disminuyeron un 0,2%. En el caso de los alimentos fuera de casa, las comidas en establecimientos de servicio completo subieron un 0,4%, mientras que las de servicio limitado lo hicieron un 0,1%. En la comparación anual, los alimentos en el hogar acumulan un aumento del 2,7% y los consumidos fuera de casa un 3,4%.
Servicios y bienes: donde las presiones se moderan más lentamente
El índice que excluye alimentos y energía se mantuvo sin cambios en junio, lo que representa una mejora sustancial frente al 0,2% de aumento registrado en mayo y sugiere que las presiones subyacentes se están enfriando. El rubro de la vivienda, que había sido uno de los principales motores de la inflación durante meses, registró un incremento del solo 0,1% en junio, el avance mensual más bajo registrado desde enero de 2021; dentro de este grupo, la renta equivalente para propietarios subió un 0,2%, la renta de los inquilinos un 0,1% y el alojamiento fuera del hogar cayó un 2,3%. Otros rubros que mostraron descensos importantes fueron los seguros de vehículos de motor con una caída del 2,0%, las comunicaciones con un 1,5% menos, la ropa con un retroceso del 0,6%, la atención médica con una disminución del 0,1% y los vehículos usados con un 0,2% menos. Por el contrario, se registraron aumentos en la recreación con un 0,5% de avance, los muebles y operaciones del hogar con un 0,2% más y el cuidado personal también con un 0,2% de incremento. En la comparación de los últimos doce meses, la vivienda sigue acumulando un aumento del 3,3%, mientras que los servicios aéreos son el rubro con mayor alza anual, con un incremento del 26,5%.
Contexto histórico: un cambio de tendencia que se confirma
Al analizar los datos en perspectiva, queda claro que estamos ante un giro muy positivo en la evolución de los precios. La inflación general del 3,5% anual es la más baja registrada desde febrero de 2026, mientras que el índice subyacente del 2,6% marca su nivel más reducido desde diciembre de 2024. El descenso mensual del 0,4% solo se había observado anteriormente en abril de 2020, en un escenario totalmente distinto de cierres masivos de actividad económica, por lo que esta caída se produce en un contexto de funcionamiento normal, lo que le da mayor solidez. Además, la moderación en el aumento de los costos de vivienda —uno de los componentes más persistentes de la inflación en los últimos años— sugiere que las presiones acumuladas van dejando de extenderse al resto de los bienes y servicios, acercándonos cada vez más a un entorno de mayor estabilidad.
Qué significa este escenario para la economía y la política monetaria
La caída de la inflación en junio confirma que las presiones más agudas que afectaron a la economía durante la primera mitad del año están empezando a ceder, apoyadas principalmente por la normalización de los mercados energéticos y la mejora en las cadenas de suministro. Aunque todavía existen rubros que siguen registrando aumentos, su ritmo es mucho más contenido que el observado meses atrás, lo que reduce la presión sobre los presupuestos familiares. Este escenario brinda mayor tranquilidad a los mercados y abre un margen mucho más amplio para que la Reserva Federal evalúe su política monetaria con calma, sin la urgencia de endurecer las tasas de interés de forma inmediata. Se trata de un paso muy positivo y necesario en el camino hacia la estabilidad de precios sostenida que requiere la economía estadounidense.
